Refrito con tintes sociales: Dulces navajas

octubre 7, 2008

Dulces navajas es una película de culto. Me refiero a “culto” como aquellas cintas impensables, imposibles para un público adoctrinado con historias perfeccionadas, de fácil comprensión, y no por la trama, sino por el absurdo que puede surgir cuando se carece de vergüenza y se cuenta con una desmesura en el desparpajo.

Así, esta película del director español Eloy de la Iglesia producida en 1981 se perfila en esta dirección. Un malogrado guión se convierte en un drama shakesperiano matizándolo con música de Chopin y composiciones del Gato Pérez, un melodrama de actuaciones exageradas y un hilo conductor que no se encuentra. Lo rescatable, si es posible hallarlo a simple vista, es el empeño de la producción por denunciar las secuelas de las familias disfuncionales en sus hijos adolescentes, y nada más.

Nos encontramos con una joven Verónica Castro que pasa desapercibida en un papel de drogadicta y reventada, una Isela Vega mostrando sus encantos con marcada naturaleza y maestría, y un José Luis Manzano (El Jaro) protagonista de la cinta con aires de Alex DeLarge, de la Naranja Mecánica, pero en modelo gachupa.

La trama es sencilla e imperdonable: un grupo de cuatro jóvenes se dedican a sembrar terror en Madrid: robos, asaltos, peleas y desmanes son el objetivo de la pandilla, sexo y drogas son el complemento, dejando el final sin alguna esperanza de reivindicación social, que es una buena apuesta. Nuestra película se asemeja a las cintas The Warriors (1979), de Walter Hill; y A Clockwork Orange (1971), de Stanley Kubrick.

Es generacional, revela conductas juveniles en estados políticos inestables, ideologías marcadas por las fracturas en el núcleo familiar, vendetas personales por le odio incrustado, como lo menciona El Jaro en su entrevista con el psicólogo luego de preguntarle cuáles son sus alucinaciones:

“…pues me imagino que estoy en un campo muy verde y saco el pito y empiezo a cogerme a la Tierra, y entonces, en vez de árboles, salen hijos míos, todos igualitos que yo y me quieren, están pegados a mí, porque yo soy el más fuerte, el más listo, el más bueno”.

Aun cuando no es un documento fílmico imprescindible, los curiosos y voyeuristas de la pantalla grande, agradecerán esta joya de matices variopintos, al fin de culto.

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Una respuesta hacia “Refrito con tintes sociales: Dulces navajas”

  1. filomeno escribió

    Isela Vega, Gran Señora de la Escena Mejicana y Mundial

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